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Con motivo de la celebración de las jornadas “Las Algas: Usos y
Aplicaciones” organizada por la Fundación OESA, D. Miguel García
Guerrero, catedrático de la Universidad de Sevilla e investigador del
Instituto de Bioquímica Vegetal y Fotosíntesis del CSIC, ha concedido
una entrevista a los medios científicos allí destacados, que por su
actualidad e implicación medioambiental, reproducimos para una mayor
difusión al servicio de la sostenibilidad de nuestro planeta.
¿El Gobierno español está apostando por estas biotecnologías?
No existe ningún plan específico para apoyar la investigación en
microalgas, así que dependemos de las convocatorias generales, en
general con escasa fortuna, y así llevamos mucho tiempo. También es
cierto que hay iniciativas privadas que están apostando económicamente
en estos desarrollos. Hay mucho interés empresarial e industrial. Pero
el sector público no debería desentenderse del fomento de la
investigación en este ámbito. En EE UU, por ejemplo, el Departamento de
Energía acaba de convocar un programa dotado con 200 millones de dólares
para estimular los avances en la producción sostenible de algas.
¿Porque es el futuro…?
Sí, así lo cree ahora mucha gente. Yo ya no insisto, porque llevaba
mucho tiempo diciéndolo. Se están desarrollando nuevos sistemas y
tecnologías y los primeros que las dominen podrán exportarlas a todo el
mundo. El desarrollo científico y técnico del cultivo de microalgas
contribuirá a la creación de nuevos puestos de trabajo. Además,
cualquier planta de cultivo, se coloque donde se coloque, va a suponer
incentivos para la creación de riqueza.
¿Qué novedades hay en la producción de etanol a partir de microalgas?
Gran parte de la biomasa de las macroalgas pardas no es utilizable por
las levaduras que se emplean para producir bioetanol. Por esta razón, se
han diseñado organismos que sí son capaces de utilizar esa biomasa y
producir etanol al mismo tiempo. Así, se ha conseguido recientemente una
cepa de Escherichia coli, una bacteria del intestino, que se ha
manipulado para que pueda utilizar alginato de algas pardas como fuente
de carbono y convertirlo en etanol.
¿Una de las posibles aplicaciones del cultivo de estos organismos es la
producción de queroseno?.
En efecto, se aprovecharía y estimularía la capacidad de producir
hidrocarburos que poseen algunas cianobacterias. En ese caso, la
producción fotosintética de bioqueroseno, a expensas de la energía
solar, representa un gran avance, ya que se generará un biocombustible
para la aviación.
¿Qué previsiones hay a corto o largo plazo?
En los últimos años hemos conseguido, a partir de la investigación en
laboratorio, cultivar distintas microalgas a la intemperie en distintos
sistemas.
Hemos llegado hasta el nivel de planta piloto. De los ensayos que se
hagan a escala de una hectárea –en una planta de demostración– se
obtendrán datos de gran alcance con vistas al aprovechamiento
industrial. Pero mientras se instalan las plantas, se ponen en
funcionamiento, se verifican y se desarrollan los procedimientos para el
trabajo a gran escala –lo que se prolongará durante los próximos tres
años-, no se va a poder decidir sobre bases fiables. Esta experiencia es
muy importante incluso si hay que concluir acerca de su falta de
viabilidad, económica, ya que a priori y sin la adecuada experimentación
no se puede garantizar que un sistema vaya a ser competitivo.
¿Qué riesgos existirían?
Al igual que en la agricultura hay plagas, los cultivos de estos
microorganismos están sujetos a contaminación y a invasiones de otras
especies que pueden ponerlos en peligro. La agricultura ha necesitado
muchos años para aumentar la productividad de las cosechas y para
conseguir los organismos más adecuados, por lo que al cultivo de
microalgas le queda aún bastante por evolucionar y mejorar.
¿Qué problemas presenta?
El principal obstáculo es que el precio de los biocombustibles de
microalgas no puede ser superior al de los combustibles fósiles o al de
los biocombustibles de origen vegetal. No tendrían futuro. El problema
del precio es crucial, pero puede resolverse al introducir mejoras en
los organismos y en los sistemas y procesos de producción. Así se
abaratarían costes.
¿Y de algún modo el medio ambiente correría peligro?
A nivel medioambiental, no creo que haya riesgos porque en general se
trabaja con organismos que se encuentran comúnmente en los hábitats
acuáticos. Incluso si se trabaja con organismos genéticamente
modificados, se garantiza su inocuidad superando exhaustivos controles.
Los científicos son muy disciplinados a la hora de cumplir las normas de
seguridad que, de alguna forma, se han incluso autoimpuesto.
PUBLICACION ENTREVISTA: Fundación OESA (Observatorio de aquicultura)
En lo que respecta a la investigación de laboratorio, y según está
demostrando paralelamente la Universidad de Cádiz con fotobiorreactores
desarrollados por CCI, estos no solo permiten estudiar el cultivo de
microalgas para propósitos de obtención de biocombustibles sustitutivos
del petróleo, sino que también son un instrumento imprescindible para
poner freno a la destrucción de la capa de ozono como consecuencia de la
liberación a la atmósfera de gases contaminantes, y por ende, para
evitar el cambio climático.
Efectivamente, también los investigadores de la Universidad de Cádiz
estudian la viabilidad de utilizar diversas especies de microalgas
marinas para retirar CO2 y óxidos de nitrógeno procedentes de emisiones
industriales. Este trabajo se está realizando en las instalaciones del
Centro Andaluz de Ciencia y Tecnología Marinas (CACYTMAR) mediante
fotobiorreactores, y tiene como objetivo evaluar la capacidad potencial
de captación que poseen distintas microalgas, así como establecer las
condiciones óptimas de la inyección de gases en el cultivo. Y es que hay
que tener en cuenta que la reducción de las emisiones a la atmósfera de
dióxido de carbono y otros gases -con efecto invernadero- es un
compromiso de la sociedad actual y por ello; distintas iniciativas se
están promoviendo en el ámbito internacional, entre las que se encuentra
la utilización de microalgas.
De hecho, desde el grupo de investigación RNM-144 “Oceanografía y
contaminación del litoral” de la Universidad de Cádiz, su portavoz, el
profesor Jesús Forja, explica que están trabajando a dos escalas
diferentes: “la primera de ellas usa fotobiorreactores de laboratorio y
permite realizar un screening (criba) de la capacidad de distintas
microalgas para captar CO2”, mientras que la segunda se realiza a un
mayor nivel, mediante fotobiorreactores tubulares de elevada capacidad,
y tiene por objeto “establecer los balances globales de gases y la
producción de biomasa en diferentes condiciones de cultivo (inyección de
gases, irradiancia y temperatura fundamentalmente)”, como aclaran desde
la institución universitaria.
La captación mediante microalgas de CO2 presenta como ventajas el escaso
tratamiento que requieren las emisiones industriales (filtración), así
como el valor añadido de la biomasa que se produce (biodiesel, piensos
animales, acuicultura). Por ello, “nuestro objetivo es encontrar
microalgas capaces de captar CO2 con rapidez y que permitan utilizar
condiciones flexibles para su cultivo”, en palabras de Jesús Forja.
En la actualidad se utilizan las microalgas para una enorme variedad de
fines industriales, que van desde la obtención de biomasa para su
utilización en alimentación humana y animal, hasta la extracción de
productos de interés comercial (pigmentos, ácidos grasos, sustancias
bioactivas, polisacáridos, etc.), sin olvidar el biodiesel, que es un
sustituto o un aditivo del fuel obtenido a partir de aceites o grasas
vegetales como estas especies marinas. De esta forma, cuando hablamos de
las microalgas “tenemos que tener presente que hay una gran diversidad y
que cada especie tiene unas características concretas que las hacen más
o menos susceptible para ser utilizada en la captación de gases
industriales”, según indica el profesor de la UCA.
Este grupo de investigación de la Universidad de Cádiz está trabajando
inicialmente con las especies Nannochloris atomus, Tetraselmis chuii y
Nannochloropsis gaditana. No obstante, se es consciente del número
“limitado” de especies “que tenemos a nuestra disposición”, por ello es
“importante para nosotros trabajar conjuntamente con el Instituto de
Ciencias Marinas de Andalucía (CSIC), ya que poseen una de las
colecciones microalgas más importante de Europa, sin pasar por alto, el
elevado grado de conocimiento que algunos de sus científicos tienen
sobre la fisiología de estos organismos marinos”. El portavoz del grupo
de investigación sostiene que “pretendemos analizar el mayor número de
microalgas posibles para poder tener en un futuro una base de datos que
permita decidir sobre las especies de microalgas más adecuadas en
función de la composición de los gases industriales y de las condiciones
de cultivo”. Y para ello, trabajan ya en proyectos de investigación de
Excelencia de la Junta de Andalucía (en el que participan también el
CSIC y la Universidad de Granada) y del Plan Nacional I+D+i.
CCI fabrica bajo proyecto diversos tipos de fotobiorreactores de
laboratorio para investigación de crecimiento de algas a escala piloto,
basados en:
- Tubos de estructura macromolecular de diferentes diámetros y
longitudes.
- Tubos de vidrio pyrex, de diferentes diámetros y longitudes.
- Cámaras de placas macromoleculares de diversas capacidades.
- Cámaras de vidrio templado de diversas capacidades.
- Etc.
Los fotobiorreactores fabricados por CCI pueden ser instalados bajo
condiciones ambientales externas, unidades móviles de diferentes
capacidades, o en cámaras climáticas de simulación controlada.
Con los fotobiorreactores diseñados por CCI, es posible investigar el
rendimiento productivo de los cultivos en las condiciones climatológicas
existentes en las diversas regiones de la Tierra y en las diferentes
estaciones del año, sin necesidad de realizar costosos desplazamientos.
Con ello es posible determinar a escala de laboratorio la posible
producción estimada en cada región geográfica del planeta.
En todos los casos la radiación lumínica fotosintéticamente activa,
basada en tecnología optoelectrónica de larga vida (hasta 100.000
horas), es equivalente a la emitida por el sol, proporcionando una
energía radiante de valor medio hasta 1.000 W/m2 por segundo, regulable
en intensidad.
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