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Microalgas: Combustible aeronáutico del futuro

 

Imagen: Aumento de la temperatura del Ártico entre 1981 y 2009. / NASA / GISS

 

Imagen: El grupo de investigación con los primeros fotobiorreactores desarrollados por Miguel Angel Beteta Garmendia (CCI control de Calidad 2009)

 

Imagen: Detalle de la unidad central del primer grupo de fotobiorreactores CCI

 

 

 

 

La industria de la aviación se ha marcado como objetivo para 2050 reducir a la mitad las emisiones de CO2 del transporte aéreo, que hoy suponen un 2% del total de emisiones globales. Para alcanzarlo, los biocombustibles van a jugar un papel clave. Ya se están desarrollando biocarburantes extraídos de cultivos no alimentarios, como la camelina. En un futuro próximo, la producción a gran escala vendrá de las microalgas.


El sector de la aviación transporta al año 2.200 millones de pasajeros en todo el planeta y es un elemento esencial en una sociedad globalizada. Según las estimaciones de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), en 2050 los pasajeros serán ya 16.000 millones. El crecimiento constante del tráfico plantea a la industria de la aviación comercial el reto simultáneo de atender esta demanda y reducir las emisiones que genera.


El director de Asuntos Corporativos de Iberia, explicó que las compañías aéreas necesitan biocombustibles “que sean sostenibles, económicamente competitivos, que el balance neto de todo su ciclo productivo emita mucho menos CO2 y que puedan alimentar a la mayoría de los motores sin necesidad de introducir cambios”.

 

Pero la demanda creciente de biocombustibles no va a ser cubierta solo por aquellos extraídos de cultivos terrestres, como la jatrofa o la camelina. Los expertos anticipan que la gran reserva para los bioquerosenos de aviación vendrá de las algas. “Estamos apostando también por los biocombustibles de 3ª generación como las microalgas, que son los sistemas vivos de origen vegetal que crecen más rápido, producen más aceite y que aprovechan más el sol”.

Repsol tiene un ambicioso programa de producción de biocombustibles utilizando microalgas. A partir de una labor de investigación desarrollada en el Centro de Tecnología Repsol, se va a iniciar próximamente su producción a escala semi-industrial.


Aunque los avances en este campo son rápidos, todavía quedan retos por resolver: “Ahí tenemos una apuesta tecnológica muy intensa para domesticar este cultivo y controlar su producción y ser capaces de producir esa energía de una forma económicamente competitiva”.


“El reto más importante consiste en hacer que las producciones experimentales actuales pasen a procesos industriales desarrollados que permitan abastecer el mercado”, asegura José Antonio García Cabañas, Jefe de Asistencia Técnica de Aviación de Repsol.


Próximamente, las aerolíneas deberán adquirir y entregar derechos de emisión por sus vuelos con origen o destino a aeropuertos de la UE, lo que implicará que “las compañías aéreas exigirán de forma generalizada el suministro de este tipo de combustibles”.


“Aún es pronto para predecir cuándo se podrán comercializar este tipo de productos de forma generalizada, aunque un buen horizonte podría situarse en un lustro”.


IATA, organización que agrupa a las principales compañías aéreas del mundo, pretende que en 2015 los biocarburantes representen el 1% del total del combustible empleado y que en 2020 se llegue al 15%.


Según está demostrando la Universidad de Cádiz, los fotobiorreactores desarrollados por CCI, no solo permiten estudiar el cultivo de microalgas para propósitos de obtención de biocombustibles sustitutivos del petróleo, sino que también son un instrumento imprescindible para poner freno a la destrucción de la capa de ozono como consecuencia de la liberación a la atmósfera de gases contaminantes, y por ende, para evitar el cambio climático.


Investigadores de la Universidad de Cádiz estudian la viabilidad de utilizar diversas especies de microalgas marinas para retirar CO2 y óxidos de nitrógeno procedentes de emisiones industriales. Este trabajo se está realizando en las instalaciones del Centro Andaluz de Ciencia y Tecnología Marinas (CACYTMAR) mediante fotobiorreactores, y tiene como objetivo evaluar la capacidad potencial de captación que poseen distintas microalgas, así como establecer las condiciones óptimas de la inyección de gases en el cultivo. Y es que hay que tener en cuenta que la reducción de las emisiones a la atmósfera de dióxido de carbono y otros gases -con efecto invernadero- es un compromiso de la sociedad actual y por ello; distintas iniciativas se están promoviendo en el ámbito internacional, entre las que se encuentra la utilización de microalgas.


De hecho, desde el grupo de investigación RNM-144 “Oceanografía y contaminación del litoral” de la Universidad de Cádiz, su portavoz, el profesor Jesús Forja, explica que están trabajando a dos escalas diferentes: “la primera de ellas usa fotobiorreactores de laboratorio y permite realizar un screening (criba) de la capacidad de distintas microalgas para captar CO2”, mientras que la segunda se realiza a un mayor nivel, mediante fotobiorreactores tubulares de elevada capacidad, y tiene por objeto “establecer los balances globales de gases y la producción de biomasa en diferentes condiciones de cultivo (inyección de gases, irradiancia y temperatura fundamentalmente)”, como aclaran desde la institución universitaria.


La captación mediante microalgas de CO2 presenta como ventajas el escaso tratamiento que requieren las emisiones industriales (filtración), así como el valor añadido de la biomasa que se produce (biodiesel, piensos animales, acuicultura). Por ello, “nuestro objetivo es encontrar microalgas capaces de captar CO2 con rapidez y que permitan utilizar condiciones flexibles para su cultivo”, en palabras de Jesús Forja.


En la actualidad se utilizan las microalgas para una enorme variedad de fines industriales, que van desde la obtención de biomasa para su utilización en alimentación humana y animal, hasta la extracción de productos de interés comercial (pigmentos, ácidos grasos, sustancias bioactivas, polisacáridos, etc.), sin olvidar el biodiesel, que es un sustituto o un aditivo del fuel obtenido a partir de aceites o grasas vegetales como estas especies marinas. De esta forma, cuando hablamos de las microalgas “tenemos que tener presente que hay una gran diversidad y que cada especie tiene unas características concretas que las hacen más o menos susceptible para ser utilizada en la captación de gases industriales”, según indica el profesor de la UCA.


Este grupo de investigación de la Universidad de Cádiz está trabajando inicialmente con las especies Nannochloris atomus, Tetraselmis chuii y Nannochloropsis gaditana. No obstante, se es consciente del número “limitado” de especies “que tenemos a nuestra disposición”, por ello es “importante para nosotros trabajar conjuntamente con el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (CSIC), ya que poseen una de las colecciones microalgas más importante de Europa, sin pasar por alto, el elevado grado de conocimiento que algunos de sus científicos tienen sobre la fisiología de estos organismos marinos”. El portavoz del grupo de investigación sostiene que “pretendemos analizar el mayor número de microalgas posibles para poder tener en un futuro una base de datos que permita decidir sobre las especies de microalgas más adecuadas en función de la composición de los gases industriales y de las condiciones de cultivo”. Y para ello, trabajan ya en proyectos de investigación de Excelencia de la Junta de Andalucía (en el que participan también el CSIC y la Universidad de Granada) y del Plan Nacional I+D+i.


CCI fabrica bajo proyecto diversos tipos de fotobiorreactores de laboratorio para investigación de crecimiento de algas a escala piloto, basados en:


- Tubos de estructura macromolecular de diferentes diámetros y longitudes.

- Tubos de vidrio pyrex, de diferentes diámetros y longitudes.

- Cámaras de placas macromoleculares de diversas capacidades.

- Cámaras de vidrio templado de diversas capacidades.

- Etc.

 

Los fotobiorreactores fabricados por CCI pueden ser instalados bajo condiciones ambientales externas, unidades móviles de diferentes capacidades, o en cámaras climáticas de simulación controlada.


Con los fotobiorreactores diseñados por CCI, es posible investigar el rendimiento productivo de los cultivos en las condiciones climatológicas existentes en las diversas regiones de la Tierra y en las diferentes estaciones del año, sin necesidad de realizar costosos desplazamientos. Con ello es posible determinar a escala de laboratorio la posible producción estimada en cada región geográfica del planeta.


En todos los casos la radiación lumínica fotosintéticamente activa, basada en tecnología optoelectrónica de larga vida (hasta 100.000 horas), es equivalente a la emitida por el sol, proporcionando una energía radiante de valor medio hasta 1.000 W/m2 por segundo, regulable en intensidad.

 

www.cci-calidad.com

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