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Imagen: Aumento de la temperatura del Ártico entre 1981 y
2009. / NASA / GISS

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Cuando estamos conociendo que la temperatura global del planeta podría
aumentar entre 1,4 ºC y 3 ºC en menos de 50 años, según revela la
revista especializada Nature Geoscience, un informe de la Royal Society
británica concluye que las tecnologías de gestión de la radiación solar
GRS podrían complementar la reducción de emisiones.
Si la actividad humana está cambiando el sistema climático de la Tierra
a una velocidad de vértigo, ¿no se podría hacer algo en la dirección
opuesta? Contra el calentamiento, ¿no habrá alguna forma de enfriar el
planeta? Podría ser que sí.
La formación artificial de nubes brillantes sobre los océanos o la
inyección de partículas en la estratosfera (como hacen naturalmente los
volcanes), incluso la colocación de espejos y pantallas en el espacio o
la adecuación de grandes extensiones en la superficie terrestre
plantando cosechas de coloración clara, son posibilidades de lo que se
denomina Gestión de la Radiación Solar (GRS). El objetivo es rechazar
parte de la luz y el calor del Sol que llega al planeta y, así,
enfriarlo.
Parecen tecnologías de ciencia ficción, pero pudieran llegar a ser
viables y la Royal Society británica acaba de publicar un informe al
respecto evaluando los efectos y la conveniencia no ya de ponerlas en
marcha, sino incluso de empezar a investigarlas y probarlas.
“Las tecnologías de GRS tendrían efecto relativamente rápido y su coste
podría ser comparativamente bajo, pudiendo reducir algunos de los
efectos más significativos del cambio climático”, resume el informe de
la Royal Society, elaborado junto con la Academia de Ciencias del Mundo
en Desarrollo (TWAS) y el fondo para la Defensa del Medio Ambiente
(EDF). “Sin embargo, se comprenden mal, tienen el potencial de ser
peligrosas y hay riesgos asociados no solo con su despliegue, sino
también con su investigación a media y gran escala”, se recalca en las
conclusiones del documento elaborado por 27 expertos de 17 países.
La geoingeniería, entendida como “la manipulación a gran escala del
medio ambiente planetario para contrarrestar el cambio climático”, según
la definió la Royal Society, incluye también diversas tecnologías de
captura de carbono, pero estas últimas plantean menos incertidumbres que
la GRS, puntualizaron los expertos, y su efecto de reducción de las
temperaturas es lento.
La GRS podría ser útil como complemento del control de las emisiones,
pero no es una solución del problema y conlleva riesgos de gran alcance.
La reducción de la luz solar creando nubes brillantes artificiales o
mediante aerosoles pueden reducir la luz y afectar negativamente a la
fotosíntesis de las plantas o incluso tener impacto negativo en la salud
humana en la población de zonas afectadas. Se puede reducir la
producción de energía solar y alterar los patrones climáticos a escala
regional, por ejemplo, los monzones.
La inyección prolongada de aerosoles reflectivos en la estratosfera
sería efectiva para inducir un cierto enfriamiento, como lo son las
grandes erupciones volcánicas, aunque solo enmascararía el calentamiento
y podría afectar negativamente a la capa de ozono. Por no hablar del
impacto tan negativo en la astronomía y los telescopios terrestres, así
como en la observación de la Tierra desde el espacio. Aún así, algunas
de estas estrategias podrían llegar a ser la única opción “en caso de
una emergencia climática”, apuntan los expertos.
“Ninguna de estas tecnologías debe ponerse en práctica sin una
caracterización profunda de sus potenciales impactos sociales y
medioambientales y bajo acuerdos de gestión apropiados”, señala la Royal
Society. Estas tecnologías pueden ser “muy beneficiosas o muy
peligrosas”.
Los expertos consideran que, de momento, lo más importante es el
establecimiento de un marco apropiado de investigación a escala de
laboratorio.
CCI viene desarrollando desde el año 1967 cámaras de ensayos climáticos
y de simulación ambiental para investigación y control de calidad. A
este respecto es de destacar que CCI ha desarrollado este tipo de
cámaras climáticas para las entidades de la máxima relevancia y los
centros de investigación más prestigiosos existentes en la actualidad.
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