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Al más puro estilo de ciencia ficción, un grupo de científicos de la
Academia de Ciencias de Rusia, especializados en criogenética, han
conseguido cultivar semillas de la Edad del Hielo contenidas dentro de
un fruto enterrado por una ardilla prehistórica y congelado en Siberia
hace más de 30.000 años, según han confirmado las pruebas realizadas con
carbono 14.
La semilla corresponde a la planta Silene stenophylla, una especie
vegetal de flor blanca del género Silene (familia Caryophyllaceae) que
crece en Siberia nororiental y en las montañas septentrionales de Japón,
y su cultivo se ha hecho realidad mediante técnica clonal (reproducción
genética asexsual).
Tras los procesos de atemperación orgánica necesarios para obtener el
restablecimiento de las células vegetales, cultivaron las semillas en
cámaras climáticas con fotoperiodo lumínico, obteniendo como resultado
la sorprendente germinación de las plantas originales, dotadas de las
características evolutivas que les correspondían por su herencia
genética y que se aprecian en la imagen adjunta.
El estudio, que se está publicando en la revista Proceedings of the
National Academy of Sciences (PNAS), añade que las plantas cultivadas a
partir de las semillas conservadas en el hielo, presentan algunas
diferencias respecto a las plantas actuales de la misma especie,
cuestión que los investigadores atribuyen a la adaptación de la planta
al frío de Siberia.
Este hallazgo ha dado pié a al grupo de investigadores para avanzar en
la búsqueda de tejidos de animales congelados en la misma zona siberiana
del hallazgo de la semilla. Y es que, en el mismo lugar, a 38 metros de
profundidad se encuentran muchos animales de la era del Holoceno y
Pleistoceno, como mamuts, bisontes, ciervos, rinocerontes lanudos y
ardillas de varias especies extintas. La reproducción a través de la
clonación genética podría ser una realidad si se encontrasen tejidos
bien conservados de estos animales.
Lo que sí está claro es que el permafrost alberga vestigios
prehistóricos de la fauna y flora desaparecida desde hace tiempo de la
superficie terrestre, y que entra de lo realizable la posibilidad de
reproducir la vida de dichas especies a partir de sus restos.
La investigación a escala de laboratorio se realiza con las cámaras
climáticas de silvicultura.
Este tipo de cámaras están formadas por recintos isotérmicos capaces de
generar en su interior temperaturas, humedades relativas, radiaciones
solares y concentraciones de CO2 mediante multidispensadores de caudal
variable.
CCI viene desarrollando desde el año 1967, bajo la certificación AENOR,
armarios frigoríficos, arcones, cámaras frigoríficas, cámaras
criogénicas por nitrógeno líquido y cámaras de congelación termodinámica
mediante maquinaria autónoma para tratamientos, investigación y control
de calidad. A este respecto es de destacar que CCI ha desarrollado este
tipo de cámaras para las entidades de la máxima relevancia y los centros
de investigación más prestigiosos existentes en la actualidad.
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