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Según coinciden la mayoría de los científicos de todo el mundo, el clima
global se verá alterado significativamente en el siglo XXI como
resultado del aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero
(dióxido de carbono, metano, óxidos nitrosos y clorofluorocarbonos).
Este tipo de gases tienen la capacidad de absorber una porción creciente
de la radiación infrarroja terrestre, lo cual implica aumentar la
temperatura del planeta. De ser así, se estima que las precipitaciones
globales serán alteradas, se reducirán las masas de los glaciares y se
elevará el nivel de los mares y océanos, entre otros efectos nocivos
para la vida sobre la Tierra.
En el informe “Ciudades y Cambio Climático” publicado este año por la
ONU-Hábitat, se afirma que, si bien las ciudades solo ocupan el 2% de la
superficie del planeta, estas son responsables del 70% de las emisiones
de gases de efecto invernadero (GEI), lo cual es atribuido en buena
parte al consumo de los combustibles fósiles responsables de la
contaminación ambiental.
Joan Clos, director ejecutivo de dicho organismo, considera que los
centros urbanos deben desempeñar un papel activo en la reducción de esa
contaminación, mediante el uso de energías limpias y la mejora
energética de las viviendas, para que tengan un consumo más eficiente y
permitan reducir las emisiones de GEI.
Clos recomienda intentar que la población fije su residencia de forma
tal que los ciudadanos puedan tener la opción de caminar, utilizar
bicicletas para sus desplazamientos, o usar el transporte público.
El directivo advierte de que si no se toman medidas eficaces y efectivas
para reducir las emisiones de GEI y promover un desarrollo urbano
sostenible, la creciente urbanización del suelo agudizará las
consecuencias del cambio climático. El mensaje de Clos es una
advertencia para que las empresas constructoras y los organismos
gubernamentales de Planificación urbanística tomen conciencia de la
gravedad del problema.
Las consecuencias del cambio climático serán aún más importantes para
los países que dependen fuertemente de los recursos naturales. Los
estudios pronostican la expansión de las enfermedades tropicales,
inundaciones de terrenos costeros y ciudades próximas al mar, tormentas
más intensas, la extinción de incontables especies animales y vegetales,
disminución de los cultivos en áreas vulnerables, aumento de la
desertización por efecto de las sequías, etc.
En la última década varios modelos informáticos han intentado simular
los cambios climáticos antropogénicos futuros, llegando a predecir los
siguientes efectos:
1)
Incremento del calentamiento global promedio de entre 1,5 y 4,5 °C,
pudiendo llegar hasta los 2,5 °C.
2) La estratosfera se enfriaría significativamente.
3) La disminución de la temperatura superficial sería mayor en elevadas
latitudes en invierno, pero menores durante el verano.
4) La pluviometría global aumentaría entre 3% y 15%.
5) Habría un aumento anual de las precipitaciones en latitudes altas y
una disminución en áreas tropicales.
Etc.
Desde el punto de vista histórico, la temperatura global de la
superficie de la Tierra ha aumentado en 0.74ºC ± 0.18°C en los últimos
cien años, debido “muy probablemente” a un aumento de las emisiones de
gases de efecto invernadero. Fenómenos naturales como variaciones
solares y erupciones volcánicas, tuvieron efectos menores sobre el
calentamiento en épocas preindustriales hasta 1950 y un pequeño efecto
de enfriamiento desde 1950 hasta la actualidad.
Como se puede ver, resulta imperioso desarrollar medidas urgentes
tendentes a frenar los cambios climáticos, como por ejemplo:
a) Reducir el consumo de los automóviles, disminuyendo su peso,
mejorando los motores y la transmisión, reduciendo la fricción
aerodinámica, disminuyendo el coeficiente de rozamiento de los
neumáticos, etc.
b) Hacer más eficiente el uso energético de las industrias y las
edificaciones.
c) Estimular y acelerar la investigación y el desarrollo de tecnologías
basadas en las energías renovables.
d) Poner freno a la deforestación.
e) Estimular la reforestación.
Para el estudio de cultivos de plantas, su crecimiento y su desarrollo
evolutivo, germinación de semillas, etc., bajo diversas condiciones
ambientales, se emplean las cámaras de investigación climática.
En este tipo de cámaras, no solo se pueden simular condiciones
ambientales variables de temperatura y humedad, sino también de
radiaciones solares y atmósferas gaseosas modificadas (ozono, CO2,
etc.,) en función de los entornos de investigación que se pretendan
estudiar.
Los nuevos sistemas de iluminación fotosinteticamente activa, basados en
la tecnología optoelectrónica, se seleccionan en base a clorofilas,
carotenoides, etc., con controles precisos del espectro de la radiación
y la intensidad, fotoperiodo y localización geográfica.
Este tipo de cámaras se desarrollan a criterio del usuario y sin límite
de tamaño, formato y prestaciones.
CCI viene desarrollando desde 1967, bajo la certificación AENOR, cámaras
de simulación climática, entre las que se encuentran las cámaras de
crecimiento ambiental capaces de reproducir las condiciones
climatológicas más diversas. A este respecto es de destacar que CCI ha
desarrollado este tipo de cámaras para el Consejo Superior de
Investigaciones Científicas (CSIC), entre otras entidades relevantes y
universidades diversas.
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