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Cada vez son más las referencias relativas a la influencia del
amoniaco en
la corrosión
de los metales empleados en la carpintería metálica, equipamientos,
etc., y fundamentalmente en el caso de los paneles fotovoltaicos.
La base de la preocupación es que el amoníaco producido en las granjas
avícolas y porcinas, podría plantear un riesgo de
corrosividad
potencial para la resistencia de dichos equipamientos.
El deterioro de este tipo de instalaciones podría representar un
problema para los agricultores que cuenten con paneles solares
fotovoltaicos en los tejados de sus granjas con el fin de aprovechar los
beneficios económicos obtenidos de la explotación de los mismos.
La causa es que el amoniaco gaseoso liberado por los purines, en
presencia de agua, posee propiedades corrosivas y por lo tanto, podría
representar una amenaza para la solidez de los módulos solares
fotovoltaicos.
En principio, cabria pensar que no parece probable que cantidades
significativas de amoníaco puedan penetrar a través de un techo y se
difundan en cualquier concentración significativa en torno a los módulos
montados en el techo solar. No obstante, en las granjas avícolas y
porcinas, se expulsa el aire viciado a través de ventiladores de
extracción o aberturas laterales, por lo que el amoníaco producido se
dispersa en la atmósfera.
Si los módulos fotovoltaicos están situados demasiado cerca de los
respiraderos o integrados en el propio techo, la exposición al amoníaco
puede alcanzar altos niveles. Si esto ocurre en conjunción con la alta
humedad, esta exposición potencialmente puede ser un problema ya que
conduce a la formación de condensación altamente corrosiva que reduce el
rendimiento y acelera el envejecimiento del módulo.
Como consecuencia de este problema, la industria de la energía solar
viene llevando a cabo investigaciones y pruebas diversas de resistencia,
las cuales han conllevado a la realización de un proyecto de norma
específico. Nos referimos a la IEC 62716, denominada "prueba de
resistencia a la corrosión por amoníaco de los sistemas fotovoltaicos”.
Para determinar la resistencia a la corrosión de los metales y sus
recubrimientos, se emplean las cámaras de corrosión de laboratorio como
la presentada en la imagen adjunta.
CCI viene desarrollando desde 1967, bajo la Certificación AENOR, cámaras
de simulación climática, entre las que se encuentran las cámaras de
ensayos de corrosión acelerada, en todas las versiones, capaces de
reproducir cualquier ambiente marino, industrial o urbano, que pueda
encontrarse en condiciones naturales o artificiales y acelerarlo a
requerimiento. A este respecto es de destacar que CCI ha desarrollado
este tipo de cámaras para el Centro Nacional de Investigaciones
metalúrgicas CENIM, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, Empresa Nacional Siderúrgica etc., y las compañías más
relevantes del sector, entre otras entidades públicas y universidades
diversas.
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