|
 |
En los sensibles momentos actuales por los que está pasando la energía
nuclear, influenciados por los sonados accidentes nucleares de Chernobyl
y Fukushima, que se encuentran presentes en la memoria de todos, el
encontrar lugares y medios seguros de almacenamiento de las enormes
cantidades de residuos nucleares existentes en el mundo desarrollado, es
un tema prioritario.
El sepultado geológico profundo es la alternativa más firme para la
disposición final de los
residuos nucleares
radiactivos almacenados en
contenedores.
Los repositorios geológicos se basan en el principio multibarrera, que
consiste en interponer una serie de barreras, naturales entre los
residuos y la biosfera.
Debido a su alta resistencia a la corrosión tanto general como
localizada y a sus propiedades mecánicas, las aleaciones con alto
contenido de Ni podrían formar parte de las barreras de estos depósitos.
Sin embargo, es posible que estas aleaciones puedan sufrir corrosión
cuando se encuentran en medios altamente agresivos, en particular, en
medios con una alta concentración de cloruros.
Por tanto, es imprescindible evaluar sistemáticamente, en forma
comparativa, el comportamiento frente a la corrosión localizada de estas
aleaciones.
Las relaciones que existen entre la composición química de las mismas
(contenidos de Cr, Mo y W ) y la concentración de cloruros de las
soluciones presentes a elevada temperatura y pH bajo, son de gran
relevancia.
También el cobre es un material que combina buena resistencia a la
corrosión a temperaturas moderadamente elevadas, cuestión por la cual
algunos países lo han seleccionado como una buena barrera alternativa
para aislar desechos nucleares de alta actividad, especialmente si los
contenedores almacenados en repositorios geológicos en profundidad,
pudieran estar rodeados de arcilla bentonita.
Muchos investigadores han estado trabajando en diferentes aspectos de la
corrosión del cobre en condiciones similares a las mencionadas
anteriormente, por ejemplo en los casos de corrosión microbiana y bajo
el efecto de iones específicos, etc.
Así, se hace imprescindible estudiar, no solo la vulnerabilidad frente a
los ambientes mencionados, sino también el efecto del ion sulfuro sobre
la resistencia a la corrosión del cobre a diferentes temperaturas,
usando agua sintética con una composición similar a las aguas
subterráneas de baja salinidad que pueden estar presentes en los
repositorios seleccionados.
De lo que se trata es de elegir el contenedor más adecuado en cada caso,
con el fin de garantizar la ausencia de peligrosidad para los
ecosistemas y garantizar la vida sobre el planeta.
Para evaluar el potencial de resistencia a la corrosión de los
materiales empleados en la fabricación de los
contenedores de
resíduos radiactivos, se emplean las cámaras de ensayos
acelerados de laboratorio, en las cuales se pueden recrear todas las
condiciones ambientales posibles.
Dentro de las condiciones ambientales potencialmente corrosivas, podemos
citar las siguientes:
Corrosión salina neutra:
La producida por el medio marino sin presencia de componentes ácidos,
(pH alrededor de 7).
Corrosión salina ácida:
La producida por ambientes activos en los cuales, además de la presencia
de sales diversas tales como el ClNa, SO4Cu, etc., pueden existir
terrenos ácidos.
Corrosión sulfúrica:
La generada por la contaminación procedente de los resíduos
petrolíferos.
Corrosión industrial:
La producida por la contaminación procedente del vertido de procesos
industriales en presencia de humedad.
Corrosión microbiológica:
Provocada por la contaminación de bacterias aerobias y anaerobias
existentes en aguas con altas concentraciones salinas, típicas de los
mares y océanos, lagos salados y fosas salinas. Las más significativas
son las denominadas ferrobacterias.
Corrosión bajo tensión:
Se produce como consecuencia de la combinación de dos efectos
simultáneos tales como un medio ambiente corrosivo, unido a una tensión
mecánica tal como la producida por los efectos continuados de tracción,
flexión y torsión, etc.
El deterioro superficial producido en tales condiciones aparece en forma
de microrroturas tales como agrietamientos progresivos (fatiga por
corrosión).
Corrosión por inmersión alternativa:
Se produce cuando las superficies metálicas son periódicamente cubiertas
por las aguas subterráneas, el agua de mar, por ejemplo, a intervalos
repetitivos.
Corrosión inducida:
Es la que no está causada de manera directa por el agente primario que
interacciona con el metal en cuestión, sino por la influencia de los
subproductos derivados de dichos agentes primarios. Este tipo de
corrosión también se denomina corrosión influenciada. Es el caso de la
acción de los microorganismos biológicos, los cuales generan derivados
metabólicos que desprenden componentes ácidos, los cuales, influyen en
la cinética del proceso de corrosión.
Para determinar la resistencia a la corrosión de los metales y sus
recubrimientos, se emplean las cámaras de corrosión de laboratorio como
la presentada en la imagen adjunta.
CCI viene desarrollando desde 1967, bajo la Certificación AENOR, cámaras
de simulación climática, entre las que se encuentran las cámaras de
ensayos de corrosión acelerada, en todas las versiones, capaces de
reproducir cualquier ambiente marino, industrial o urbano, que pueda
encontrarse en condiciones naturales o artificiales y acelerarlo a
requerimiento. A este respecto es de destacar que CCI ha desarrollado
este tipo de cámaras para el Centro Nacional de Investigaciones
metalúrgicas CENIM, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, Empresa Nacional Siderúrgica etc., y las compañías más
relevantes del sector, entre otras entidades públicas y universidades
diversas.
www.cci-calidad.com |