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Definimos como
potencial corrosivo ambiental a la capacidad que poseen
determinadas atmósferas para corroer los metales, como consecuencia de
la presencia en su composición de sustancias químicamente activas.
Si bien existen múltiples atmósferas químicamente corrosivas,
perfectamente tipificadas en función de las causas que las provocan y de
las circunstancias en que se producen, tales como la contaminación, la
acción corosiva de la humedad (lluvia, condensación, vapor de agua,
etc.,) entre otras, aquí vamos a referirnos a aquellas que, por su mayor
virulencia, son las que más preocupan en todos aquellos sectores en los
cuales la corrosión es un motivo de riesgo estructural.
Así, podemos decir que las atmósferas corrosivas más comunes son las
siguientes:
Atmósfera salina neutra:
La producida por el ambiente marino sin presencia de componentes ácidos,
(pH alrededor de 7).
Atmósfera salina ácida:
La producida por ambientes activos en los cuales, además de la presencia
de sales diversas tales como el ClNa, SO4Cu, etc., pueden existir
concentraciones de ácidos, tales como el ácido acético procedente de las
siliconas empleadas en la carpintería metálica del aluminio, ácido úrico
en granjas, etc., por ejemplo.
Atmósfera urbana:
La generada por la contaminación procedente de los combustibles de los
automóviles y las de las calefacciones en presencia de humedad.
Atmósfera industrial:
La producida por la contaminación procedente de las emisiones de los
procesos industriales en presencia de humedad (niebla ácida).
Atmósfera salina combinada con inmersión alternativa:
Se produce cuando las superficies metálicas son periódicamente cubiertas
por el agua de mar, por ejemplo, a intervalos repetitivos provocados por
el oleaje, mareas, etc.
Atmósfera climosalina:
También denominada de ciclos climáticos combinados con niebla salina. Es
el que representa más fielmente lo que sucede en la realidad con los
ciclos nocturnos y diurnos, donde por la noche sube la humedad baja el
punto de rocío (clima húmedo), al amanecer sube la temperatura y baja la
humedad (secado), y alternadamente se producen las deposiciones de la
niebla salina dispersada por el mar.
Para determinar la resistencia a la corrosión de los metales y sus
recubrimientos, se emplean las cámaras de corrosión de laboratorio como
la presentada en la imagen adjunta.
CCI viene desarrollando desde 1967, bajo la Certificación AENOR, cámaras
de simulación climática, entre las que se encuentran las cámaras de
ensayos de corrosión acelerada, en todas las versiones, capaces de
reproducir cualquier ambiente marino, industrial o urbano, que pueda
encontrarse en condiciones naturales o artificiales y acelerarlo a
requerimiento. A este respecto es de destacar que CCI ha desarrollado
este tipo de cámaras para el Centro Nacional de Investigaciones
metalúrgicas CENIM, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, Empresa Nacional Siderúrgica etc., y las compañías más
relevantes del sector, entre otras entidades públicas y universidades
diversas.
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