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La velocidad con que los materiales se corroen depende del ambiente en
que estos se encuentren de manera permanente. Si este ambiente es
químicamente activo, a medida que pasa el tiempo se irá creando una fina
capa de óxido sobre su superficie, en su fase inicial, la cual acabará
transformándose posteriormente en un auténtico proceso de desintegración
por corrosión.
Este proceso evolutivo, que es analizado desde un punto de vista
electroquímico, indica que el metal tiende a retornar al estado
primitivo o de mínima energía, siendo la corrosión por lo tanto la
causante de grandes perjuicios económicos en la industria metalúrgica.
Así, definimos como corrosión de los suelos, a los procesos de
degradación que son observados en las estructuras metálicas enterradas.
El potencial de corrosividad del terreno dependerá de varios factores,
tales como el contenido de humedad, la composición química, el pH del
suelo, etc. Para evaluar el índice de corrosividad del sustrato, se
suele utilizar comúnmente el valor de la resistividad eléctrica del
mismo; por ejemplo, un terreno muy corrosivo, caracterizado por la
presencia de iones tales como los cloruros, tendrá resistividades bajas
como consecuencia de la alta facilidad de migración electrónica en los
mismos.
Para evaluar la resistencia de los metales frente a la corrosión, se
emplean las cámaras de ensayos acelerados de laboratorio.
Las cámaras de corrosión actuales están adaptadas para cumplir todo tipo
de normas nacionales e internacionales en vigor, tales como las ASTM- B
117, UNE- EN ISO 9227, DIN 50021, DIN 53167, DIN 50907, DIN 50017 y ISO
6270-2, etc., las cuales se pueden aplicar a todo tipo de materiales
expuestos a ambientes corrosivos, como es el caso de la industria
aeronáutica, naval, de automoción, etc. Todo ello considerado
imprescindible para dar respuesta al requerimiento de selección de los
materiales más apropiados para cada aplicación.
Dado que los materiales que prestan sus funciones en condiciones
extremas, se verán necesariamente expuestos a cambios climatológicos de
forma sistemática, es por lo que se hace obligado realizar ensayos de
laboratorio. Para ello resultan imprescindibles las cámaras de corrosión
cíclica desarrolladas por CCI.
CCI desarrolla desde el año 1967, bajo la certificación AENOR, cámaras
de ensayos de corrosión por niebla salina y de simulación climática para
investigación y control de calidad. A este respecto es de destacar que
CCI ha fabricado este tipo de cámaras de ensayos para las entidades de
la máxima relevancia y los centros de investigación más prestigiosos
existentes en la actualidad, tales como el Centro Nacional de
Investigaciones metalúrgicas (CENIM), Empresa Nacional Siderúrgica
(ENSIDESA), Instituto de Técnica Aeroespacial (INTA), AIRBUS,
fabricantes de automóviles, etc.
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