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Científicos del CSIC y de la Universidad de La Laguna (Tenerife) han
descrito por primera vez cómo una bacteria marina obtiene energía de la
luz para crecer, cuando hasta ahora se pensaba que los únicos seres
vivos capaces de utilizar la luz en el mar eran las algas, a través de
la fotosíntesis.
Este trabajo, que se publica en el último número de la revista 'Nature'
y que incluye además a varias instituciones científicas de Suecia,
desvela que una bacteria marina aprovecha la luz para estimular su
crecimiento gracias a una molécula (la proteorodopsina), y su presencia
modificaría el flujo de carbono en la superficie del océano, según los
científicos.
Uno de los firmantes del trabajo, el investigador del CSIC Carles
Pedrós-Alió, que trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar, en
Barcelona, explica que "las bacterias marinas están bañadas en luz, y
siendo ésta una fuente de energía tan a su alcance, no es extraño que la
evolución haya favorecido microorganismos que complementen su modo de
vida heterotrófico con energía de la luz".
La mayor parte de las bacterias marinas es heterotrófica (requiere
materia orgánica para su crecimiento), y al igual que todos los
animales, respiran oxígeno y producen dióxido de carbono.
No obstante, según el científico del CSIC, "estudios moleculares
recientes han detectado en algunas bacterias marinas un mecanismo
alternativo de obtención de energía, a través de la luz".
"Uno de estos mecanismos se sirve de la proteorodopsina, una proteína
que incluye un pigmento, el retinal, parecido al que tienen los seres
humanos en la retina", precisa Pedrós-Alió.
Las bacterias marinas investigadas en este trabajo, al igual que ocurre
con cualquier otro mecanismo limpio de obtención de energía, están
siendo estudiadas para su aprovechamiento potencial.
Del mismo modo que los paneles solares aprovechan la energía del Sol
para convertirla en energía eléctrica, las proteorodopsinas, unidas a
una molécula de retinal, utilizan la energía solar para convertirla en
energía bioquímica.
Esta energía "extra" les proporciona mayor eficiencia de crecimiento, de
forma que consumiendo la misma cantidad de materia orgánica, consiguen
formar una descendencia hasta cuatro veces mayor.
Como consecuencia de este proceso, una comunidad microbiana rica en
estas bacterias crecería más y produciría mucha más materia orgánica en
partículas a partir de la misma cantidad de sustrato, lo que
proporcionaría más alimento a niveles más altos de la red trófica marina
y aceleraría el ciclo de carbono, según los expertos.
Estas implicaciones en el flujo de carbono en el océano afectan así a la
regulación de la concentración de CO2 en la atmósfera y a los mecanismos
implicados en el cambio global.
El cultivo de bacterias marinas a escala de laboratorio se realiza con
cámaras específicas de alta fiabilidad desarrolladas al efecto por CCI.
Este tipo de cámaras están formadas por recintos isotérmicos capaces de
generar en su interior temperaturas, humedades relativas, radiaciones
solares y concentraciones de CO2 mediante multidispensadores de caudal
variable.
Características exigibles:
Aislamiento térmico optimizado.
Programación automática de temperatura y humedad relativa.
Control de caudal de CO2 preciso mediante micro-rotámetros de área
variable.
Radiación lumínica fotosintéticamente activa.
Parrillas múltiples.
Matraces con sistema de acoplamiento de dispensadores de CO2.
CCI viene desarrollando desde el año 1967, bajo la certificación AENOR,
armarios frigoríficos, arcones, cámaras frigoríficas, cámaras
criogénicas por nitrógeno líquido y cámaras de congelación termodinámica
mediante maquinaria autónoma para tratamientos, investigación y control
de calidad. A este respecto es de destacar que CCI ha desarrollado este
tipo de cámaras para las entidades de la máxima relevancia y los centros
de investigación más prestigiosos existentes en la actualidad.
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