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Si ya en el caso de los
hormigones modernos la corrosión de las armaduras de acero representa
una de las más importantes preocupaciones de los científicos, cuando
hablamos de hormigones especialmente vulnerables a los agentes
atmosféricos, entonces las consecuencias pueden ser realmente graves.
Nos referimos a la aluminosis.
Hagamos algo de historia:
En muchas edificaciones construidas entre los años 1950 y 1980 se
emplearon viguetas con altos contenidos en alúmina.
La alúmina, u óxido de aluminio (Al2O3), cuya estructura cristalina es
hexagonal, de muy pequeño tamaño y muy vulnerable a los agentes
químicos, es la responsable de la “enfermedad” denominada aluminosis,
caracterizada por un proceso de descomposición acelerado que pone en
riesgo la resistencia de las vigas, pudiendo incluso llegar a provocar
el derrumbamiento de los edificios.
La aluminosis consiste en un proceso químico de pérdida de volumen que
genera un hormigón poroso, con disminución de su resistencia y que
facilita que la humedad y los agentes corrosivos se introduzcan en el
interior de las vigas generando procesos destructivos tales como:
Corrosión por carbonatación:
Al reaccionar el CO2 atmosférico con los silicatos alumínicos se
modifica su resistencia y sobre todo el PH del cemento, el cual reduce
la protección alcalina de la armadura metálica, acelerando la corrosión.
Corrosión salina:
La brisa marina húmeda saturada de cloruro sódico, o la utilización de
agua de fraguado con abundancia en cloruros, como es el caso de los
freáticos cercanos al mar, produce igualmente la destrucción de las
armaduras de acero.
Corrosión sulfúrica:
La provocada por la disociación del SO2 existente en las atmósferas
urbana e industrial en presencia de humedad.
Acción corrosiva de la humedad:
Tanto en el exterior como en el interior de las viviendas, cocinas y
cuartos de baño, donde pequeñas fugas de agua facilitan la corrosión de
las viguetas de los solados.
Para determinar el grado de resistencia a la corrosión de los aceros
bajo dichas condiciones, se utilizan las cámaras de ensayos de
laboratorio, en las cuales se recrea el medio corrosivo ambiental objeto
de estudio. Nos referimos a las cámaras de niebla salina de cloruro
sódico, a las cámaras de carbonatación y a las cámaras Kesternich de
atmósferas de SO2.
CCI viene desarrollando desde el año 1967, bajo la certificación AENOR,
cámaras de ensayos de corrosión múltiple y de simulación climática para
investigación y control de calidad. A este respecto es de destacar que
CCI ha desarrollado este tipo de cámaras de ensayos para las entidades
de la máxima relevancia y los centros de
investigación más prestigiosos existentes en la actualidad.
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